La confederacion canadiense en1867 marcó un fin y un principio. Este acuerdo puso término a las coloniasbritánicas al norte de la frontera con Estados Unidos como entidades separadasy dio inicio a un proceso de desarrollo constitucional que continúa en la actualidad. La confederación representó una respuesta pragmáticaa los problemas políticos, económicos y militares a que se enfrentabanlas colonias. En particular, al terminar la guerra civil en Estados Unidos muchosobservadores creían que las colonias tenían que escoger entre integrarseo ser absorbidas eventualmente por el dinámico y expansivo poder del sur.Así, la confederación nació no como resultado de un pensamientomaduro sobre su futuro político como una sola comunidad, sino más biencomo una respuesta oportuna ante una serie de preguntas apremiantes centradas encómo conseguir su desarrollo económico y al mismo tiempo mantener suautonomía frente a una potencial amenaza externa.
La confederación incitómás preguntas sobre la identidad canadiense de las que respondió, puesla nueva entidad se había definido principalmente en oposicióna algo, concretamente a Estados Unidos. Así, resultó fácil elsurgimiento de historias alternativas sobre el significado de la confederación.El principal yerro político de Canadá sería Quebec, contra loque puede ser llamado el resto de Canadá (RC), es decir, las otras provinciasy territorios. Para Quebec, la confederación representó un pacto entreanglófonos y francófonos como naciones. De este modo, cualquier cambioradical en las reglas del juego necesitaría el consentimiento de Quebec, nocomo una provincia más, sino como líder de la facción francófonaen Canadá. En contraste, los del RC tendían a percibir a la confederaciónen términos de equidad provincial. Para ellos, Quebec existía comocualquier otra provincia y no como una entidad con una categoría equivalentea todo el RC.
Durante muchas décadas sefueron gestando desacuerdos sobre la identidad canadiense y el lugar que Quebec ocupabaen ella. Los gobiernos de esta provincia tendían a estar en desacuerdo conel gobierno federal en Ottawa, pero el conflicto se desarrollaba dentro de ciertoslímites. El conservadurismo social y político, simbolizado en el poderque la iglesia católica ejercía virtualmente en todos los aspectosde la vida en Quebec se opuso a los cambios rápidos y, hasta cierto grado,a la modernización económica. Los jóvenes más brillantese inteligentes en Quebec escogieron profesiones como derecho, medicina y la iglesia.Un trasfondo de resentimiento comenzó a crecer debido a la inaccesibilidada los puestos de poder en el mundo del comercio y salió a la luz durante larevolución tranquila, la cual comenzó con la elección del PartidoLiberal bajo el mandato del premier Jean Lesage en 1960. El gobierno de Lesage yotros líderes de Quebec comenzaron a expresar su deseo de contar con algomás que la supervivencia etnolingüística. En particular, en laagenda política apareció en primer lugar la idea de que Quebec tuvieraun estatus especial en Canadá, sobre todo para controlar la legislaciónsobre el lenguaje y la cultura. Esto produjo una intensa lucha por el poder entrelos gobiernos provinciales en la ciudad de Quebec y los federales de Ottawa, mismaque aún persiste.
En la década de los setenta,la idea de Quebec como un estado independiente para resolver los problemas frenteal RC ganó legitimidad en la gran mayoría de la opinión públicade la provincia francófona. En 1976 el Parti Québécois, cuyamisión era la separación definitiva de Quebec del RC, llegóal poder y estableció una serie de políticas que buscaban promoverel lenguaje y la cultura franceses. En el poder o no, el Parti Québécoisse mantiene como una fuerza primordial en la política provincial y sigue promoviendoel concepto de soberanía.
A partir de la década delos setenta, Ottawa elaboró diferentes iniciativas constitucionales, cadauna con la intención de resolver o al menos controlar el conflicto entre elRC y Quebec, manteniendo a éste dentro de la confederación. En todomomento, e independientemente de la decisión de la audiencia, este procesodejó algunos participantes insatisfechos y decididos a seguir peleando porsus creencias. La Carta de Victoria (1971), la Ley Constitucional (1980), el Acuerdodel Lago Meech (1990) y el Acuerdo de Charlottetown (1992), contenían disposicionespara resolver o al menos controlar las tensiones federales-provinciales. A pesarde los enormes esfuerzos de algunos líderes federales para conseguir apoyoentre los funcionarios electos y las masas, sólo la Ley Constitucional, acompañadapor la Carta de Derechos y Libertades, logró convertirse en ley. Sin embargo,incluso en este caso Quebec rechazó la Ley y buscó socavar algunosde los efectos previstos: a] desarrollo ulterior de una identidad nacional basadaen el bilingüismo y el multiculturalismo, y b] limitar la descentralizacióndel poder federal.
Esfuerzos posteriores orientadosa tranquilizar a Quebec y reducir los efectos negativos de la Ley Constitucional,como los acuerdos del Lago Meech y de Charlottetown, se colapsaron bajo el peso dela oposición de gobiernos provinciales, grupos de interés y públicoen general, que encontraron fallas en diferentes aspectos de cada uno. Académicosy la opinión pública comparten la opinión de que las iniciativasconstitucionales están muy lejos de resolver los problemas subyacentes y fundamentalesrelacionados con la unidad nacional. Para la década de los noventa, las tensionesregionales ya habían afectado todo el sistema político. Las dos eleccionesnacionales y el referéndum sobre la soberanía de Quebec, respectivamente,ofrecen la más dramática evidencia de su fragmentación durantela última década.
La elección nacional de1997 reforzó las divisiones al reproducir el parlamento esencialmente regionalque había surgido en 1993. Los liberales, bajo el liderazgo del primer ministroJean Chrétien, conservaron el poder con una mayoría sustentada principalmenteen el apoyo de Ontario y las provincias del Atlántico. El Partido Reformista,que constituyó la oposición oficial, dominaba las provincias occidentales,pero casi no tenía presencia en otro lugar. El Bloc Québécoiscontaba una vez más con una avasalladora mayoría de representantesde Quebec, pero no tenía ninguno de otras provincias. El Bloc Québécoissigue promoviendo una agenda que busca mayor soberanía, si no una franca independenciapara Quebec, algunas veces coordinando esfuerzos con el Partido Reformista para descentralizarel poder federal.
Durante la administracióndel Parti Québécois se llevó a cabo en 1995 un referéndumsobre la soberanía que por poco alcanza la mayoría. La victoria del"no", con un punto de diferencia, demostró cuán lejos hallegado el proceso de fragmentación durante las últimas décadas.El asunto de la soberanía ni siquiera había sido un tema legítimoen el discurso político tres décadas antes; sin embargo, ahora un gobiernoprovincial comprometido con esa causa había perdido por muy poco el mandatopara negociar con el RC en términos de igualdad. Ni siquiera la derrota tancerrada explicó qué tanto habían cambiado las cosas. Durantela campaña, quienes se oponían a la soberanía se habíanlimitado a discutir principalmente sobre los riesgos económicos de abandonaral RC. Los llamados a la unidad nacional y al sentimiento de identidad canadiensebrillaron por su ausencia en la oposición.
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